Sábado de Gloria. Un paseo por Pachacámac
Abril 20, 2009
Saliendo por Jatosisa hacia Cardal, en la curva esa, justo donde termina la zona residencial y empiezan las chacras, hay una casita en ruinas, pegada a las rocas del cerro. Tengo por entendido que alguna vez fue una bodega o fonda o tambo en el camino. En el interior huele a caca y las paredes están pintarrajeadas y uno puede imaginarse todas las cosas que han hecho aquí animales y humanos, buscando la oscura privacidad. En uno de los cuartos al fondo, en el más oscuro, sorprende el Oso Yogi pintado en la pared azul cobalto reluciendo como un ícono en una iglesia ortodoxa, cubierto de pan de oro, iluminado por un rayo de luz que parece salir de ningún lugar. Y en el silencio y en la oscuridad, sintiendo el peso de las rocas suspendidas, me siento sobrecogida por esta apariencia religiosa del Oso Yogi, sobre la cual un pobre muerto de hambre ha dejado constancia de su urgencia.




Sigo un trecho por la carretera afirmada, a lo largo de los muros de piedra tan característicos, y luego la abandono y cruzo un campo yermo y subo la ladera, entre molles, tunas y matorrales, hasta la acequia.
No dejan de sorprenderme esos cerros antiguos, esos colores ocres y verdes y azulados y los infinitos matices de grises. Y las chacras en todas sus estaciones, baldías, recién aradas, brotando, floreciendo, pletóricas, abandonadas, asilvestradas. Y todos esos viejos árboles que siguen milagrosamente en pie. Especialmente los pacaes, en los bordes de las acequias, de los que en esta época cuelgan anchas y torcidas vainas que encierran la pulpa dulce y algodonada, brindando su fresca sombra así como protección y sustento a toda una gama de plantitas y florecillas que crecen con facilidad, uno diría con júbilo, donde siempre haya agua en esta tierra fertilísima.










De pronto se abre la vista hacia el cerro Pan de Azúcar con su característica forma cónica y el caserío de Cardal al pie, y a las lomas desérticas, pobladas de cactus, con apariencia de calcinados y entrecruzados por las huellas de los ciclistas fanáticos y que cobijan el sitio arqueológico con sus muros de piedra de un templo precolombino de aproximadamente 3000 años de antigüedad, muy poco diferentes de todos los muros de piedra en la zona.




Abril 21, 2009 at 12:25 am
Buen recorrido, a ver si lo hago algún día. Sobre las fotos, pues no sé, creo que no hubiera tomado tan en panorámico algunas, más acercamientos. Pero es mi gusto particular claro. Saludos.