Los holandeses viven entre el cielo y la tierra. Desde luego, esto vale para todos los humanos. Pero en Holanda el cielo es omnipresente, nada se le interpone u obstaculiza (mi cuñado me dice que el cerro más alto es de 300 m). Y no tardan en venir a la mente los cuadros de los paisajistas holandeses del siglo XVI y XVII, especialmente los de Jakob van Ruysdael (ver aquí y aquí y aquí) que consisten de una franja de tierra o agua y el resto es puro cielo. Un cielo mayormente espectacular, por el que navegan dramáticas nubes y nubarrones que a veces se agolpan, formando un solo y negro techo que pesa amenazante sobre la tierra. Las lluvias son absolutamente impredecibles. Pasa un nube y te llueve encima, sale el sol, pasa otra nube… Dónde se puede experimentar todo esto mejor que en Marken…











