Tengo un amigo. Se llama Fercho. Mi amigo es parlanchín y flaco como un fakir y su gato es enorme y gordo y mudo, es decir, mudo en comparación con mi amigo. El gato se llama Fresh, porque es así, un gato muy fresco. Cualquiera que haya tenido o tiene gatos sabe que, en verdad, no es que uno tenga gatos, sino que los gatos lo tienen a uno. Su silenciosa pero potente presencia nos hace recordar que ellos son los verdaderos dueños y amos de la casa.



Según un estudio publicado hace dos años en la revista Science, los gatos no fueron domesticados por el hombre -como sí lo fueron las ovejas, los caballos y los perros. Pero los gatos se domesticaron a sí mismos, por su propia cuenta e interés. Y han permanecido leales a su consigna a lo largo de los 10,000 años, desde que se acercaron por primera vez al hombre en algún paraje de Medio Oriente, atraídos por los roedores que pululaban en los graneros de los agricultores. Y encontraron que los pericotes eran una excelente comida y poco a poco bajaron del monte para merodear en las inmediaciones de los asentamientos humanos… (sigue leyendo la emocionante historia de los gatos aquí).



A mi amigo le encanta leer en voz alta, modulando cada palabra con deleite, acariciando de vez en cuando ensimismado al gato que entre tanto se regodea y restriega y relame y revuelca en todas sus posturas gatunas, reclamando la atención que se merece como el animal sagrado que es. Si Fresh pudiera hablar, ¿qué nos contaría? De sus ojos bárbaramente azules emana la infinita sabiduría del ser que no necesita palabras para expresarse. Como decía Hippolyte Taine: “He estudiado a muchos filósofos y a muchos gatos. La sabiduría de los gatos es infinitamente superior.”





Por si alguien todavía lo duda a estas alturas, mi amigo Fercho es lector. No conozco a un lector más lector que mi amigo Fercho. En el tiempo en que yo leo un libro, él lee diez o quince o veinte. Lee libros al ritmo de su respiración. Se alimenta de libros, vive rodeado de libros, duerme a la sombra de libros y no habla casi de ninguna otra cosa que de libros.




Hace ya varios años escribí un texto llamado El Biblófago inspirada en mi amigo Fercho.
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