Hablando del cielo y de las nubes, acabo de leer la primera entrada del interesantísimo libro Bilder der Photographie – Ein Album photographischer Metaphern (“Imágenes de la Fotografía – Un álbum de metáforas fotográficas”) de Bernd Stiegler sobre la serie de nubes de Alfred Stieglitz.
Cuenta la historia que a raíz de un comentario que hiciera Waldo Frank, según quien la fuerza de la fotografía de Sieglitz residía en el poder de los individuos que fotografiaba, Stieglitz se indignó y decidió inmediatamente dar un giro de 360 grados a su quehacer fotográfico. Dedicó los últimos años de su vida a tomar con gran intensidad fotos de nubes, las cuales se podían girar y mirar desde cualquier ángulo. Llamó la serie Equivalents y la definió como un enfático intento de averiguar “lo que 40 años dedicados a la fotografía me han enseñado. Escribir por medio de las nubes la filosofía de mi vida – mostrar que que mi fotografía no puede reducirse al contenido y sus temas – los árboles, los rostros, los interiores, ni a habilidades específicas – las nubes están ahí para todos – hasta ahora no están sujetas a impuestos – son libres”.
La jugada genial de Stieglitz consistió en convertir las nubes en signos artificiales, en traducirlas al lenguaje cultural de la fotografía. Estas imágenes no representan o retratan algo, sino que evocan una experiencia estética, la cual debe, a su vez, establecer primero un orden en forma de un equivalente. Es decir, estas imágenes inducen al espectador a no basarse solamente en el efecto evocado por los objetos fotografiados, sino en su propia experiencia, sus sentimientos y aun en el inconsciente.
La teoría del equivalente de Stieglitz llegó a ser determinante en la fotografía norteamricana de la posguerra. Especialmente Minor White, el editor de la revista Aperture , así como Harry Callahan y Aaron Siskind se acogieron explícitamente a esta teoría y le dieron una interpretación subjetiva.









