Estas tardecitas de otoño limeño invitan a pasear sin rumbo fijo por las calles de los barrios aledaños bañadas en esta luz y regadas de sorpresas.
luz










No sé si habrán notado esta extraordinaria luz que hay últimamente en Lima (donde estamos acostumbrados, como es sabido, a una luz blanquecina y brumosa)… Me viene llamando la atención desde hace varias semanas, atrayendo irremediablemente mi ojo de fotógrafa… Es una luz mucho más amarilla, más intensa, y hay una sorprendente visibilidad. Con esta luz me basta el entorno inmediato. Ahora sí que cualquier cosa se vuelve fotografiable. Los rincones y objetos menos atractivos se convierten de repente en apariencias luminosas, en conjuntos de artes y delicias visuales completamente gratuitas, y sin haber gastado una gota de sudor, pintados por la luz y el seductor juego de sol y sombra.



La explicación o mejor dicho, interrogante científica detrás de este fenómeno no es precisamente alentadora. Hace un par de días un amigo inglés me envió el link a un artículo que apareció en The Independent que da cuenta de la perplejidad de los científicos ante la ausencia completa de manchas negras en el sol. Esas manchas son indicadores de que el sol está en actividad. Siempre ha habido cíclicamente una disminución de actividad y, por lo tanto, de manchas en el sol. Pero ahora han desaparecido totalmente. Es decir, el sol permanece en estado durmiente y nadie puede saber si volverá a despertar.



Se cree que dentro de unos cuantos billones de años el sol habrá agotado sus recursos de hidrógeno y se habrá encogido tanto que habrá perdido su fuerza de atracción con los planetas, cuyas órbitas se harán cada vez más espaciosas. Para entonces, la Tierra será un pedazo de roca congelada suspendida en la Nada. Y esto sería sólo el comienzo del eterno retorno de las cosas.



Por suerte, todo esto es sólo un cuento. Por el momento hay esta extraordinaria, luz… bellísima luz… Y, como decía Platón, lo que es bello, es bueno y es justo…























